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viernes, 4 de febrero de 2011

Sueño que soy una mano mutilada que cocieron a mi boca


En los círculos de este trastorno de espectro que me persigue, no puedo hablarle a tu fantasma.  Soy una niña muda, una especie de mariposa gris que hace la ausencia del color: ese capullo de seda del mutismo que crece en mi boca.   No sé hablar.  Las palabras son un huracán por dentro, una porción de miel en la sangre, un acantilado detrás de la meseta del olvido.   Eso soy, una marginal meditabunda que apenas puede esbozar un sonido gutural para pedir algo: un grito desgarrador cuando le arrancan el corazón.   El habla me ha sido negada, giro sobre mis pies como tonta, doy vueltas sin poder asir, me aterra el vértigo.  En las crisis de espectros soy un silencio de mármol detenido ante aquel fantasma.  No supe cómo hablar, pero adentro los mapas trazan los recorridos incasables de los diálogos, y la voz no puede, no sabe.  Soy una mujer muda, no sé cómo se dice.  Apenas puedo ser algo más que una hoja que tiembla, una mariposa nocturna que se suicida contra el vidrio por un segundo más de luz, una hormiga que da vueltas enloquecida en la misma rama porque no encuentra la salida.  Eso soy; una mano amputada que ha sido cocida a mi boca, como una prolongación espantosa, una monstruosidad que la humanidad niega y que tu fantasma jamás debe saber.

martes, 28 de septiembre de 2010

El otro reloj


No ha quedado ni un diente
en el miedo de las mañanas
carne de todas las encías
noche de todos los adentros.

Despojada del aliento
la vida me quita la vida.
Alguien cae adentro mío
la mueca del que salta
esos ojos.

Todos los tiempos son dardos
que veo en el fondo de mi cuerpo.
Cierra tus alas carne del mundo
cierra tu boca tiempo en mi carne
de una vez por todas
déjame.

miércoles, 26 de mayo de 2010

LAS HOJAS MUERTAS DEL BICENTENARIO


Las hojas vuelven a caerse
como tantos otoños en la historia del mundo
que esa historia no sea un tramo de piedra
sino que forme parte de la sangre y los días.

Serán cien, doscientos años
pero la idea del cambio se irá con nosotros
como un río que fluye constante, potente.
Ahora dicen que nuestro pasado,
lleva doscientos años.

Entonces debemos preguntarnos: ¿quiénes éramos antes,
quiénes somos ahora?
Algo más que una fiesta de cierto aniversario.

La tierra se clausura y comienza a cerrarse
como se cierran los círculos de todo lo viviente,
como se cerrará la noche en el puño del desprecio.
Llevaremos el agravio en medio de la frente
y buscaremos la rúbrica en las rutas del viento,
para encontrar los fines de tanta injusticia.

En la niebla de los días opuestos
la libertad no conoce el ocaso
son nuestros rostros los que envejecen
para olvidarse de los años que cuentan los muertos,
de las horas pasadas con las bocas zurcidas.

En sueños nos llaman los que murieron antes,
los que cayeron anónimamente como las hojas del otoño.
¿Quiénes hacen la hojarasca en estas postrimerías del mundo?
sino las manos de los que antes estuvieron
de aquellos que ahora mismo
se hunden en el duelo del festejo.

El tiempo lo sabe: son las manos que aún están
manchadas con sangre.
Las que hoy pisan la vida
de estas hojas muertas.

jueves, 4 de marzo de 2010

La técnica de una sola aguja


Me preguntan por la bolsa tejida que llevo en mi hombro
esa bolsa no es mía, sino que pertenece a mis antepasados
míos son los fideos, los tomates, el pan
el monedero donde guardo diez pesos.
Esa bolsa tiene muchos años
las tías de mi abuela tejieron día y noche cuando bajaron del barco
la técnica de una sola aguja y el punto de la nostalgia.
Con la bolsa al hombro cruzo la plaza y la tarde
esa bolsa ahora es mía
mía, la nostalgia de los fideos, los tomates y el pan.

viernes, 5 de febrero de 2010

Itinerario y destino de los días


Una gota de lluvia contiene la sed del mundo
y la sed del mundo esta vez resbala por mi frente
cae lenta como si fuera sangre
como si esa sed inacabable fuera un disparo en la cabeza.
De todos modos uno se afirma a lo que lleva
a esos zapatos que se van hinchando
a la triste solapa de un abrigo deshecho.

Una gota de lluvia cae fría sobre los párpados
y mis ojos ciegos ven en ese charco oscuro
un agujero abismal donde algo sucede.

Una gota de lluvia ha guardado en su centro
la forma silenciosa de mi rostro y entonces cae
como una gota de sangre casi negra
resbala y ya no encuentra superficie que la desplace
no encuentra nada más que su destino
ese charco profundo donde se han quedado mis pies.

viernes, 29 de enero de 2010

Les digo...

Hace tiempo que le hablo a las manos.
No sé si es sincero lo que digo, pero me arranca los brazos, hablarles.
Les explico que este viaje, donde vamos sosteniendo el hilo de un globo que puede perderse en cualquier momento, es demencial.
Hace rato que, en mi silencio, les ruego sobre tus vaivenes, y este amor, que ellas están dispuestas a hacer, pero que el resto de nuestro cuerpo, niega.
Les hablo, porque la soledad es a cada instante, y ellas aún creen, y no se cansan de creer.

martes, 29 de diciembre de 2009

Mi mano dice...


Para algunos, los papeles no significan absolutamente nada, no tienen demasiada importancia. Pero para nosotros, los papeles son todos diferentes y no podemos dejarlos ir, sino que nos aferramos a ellos para descubrir esa blancura luminosa.
A mí, los papeles me dan euforia y pena, por eso no puedo deshacerme de sus cuerpos y en mi casa siempre tienen un espacio, siempre.
Para muchos, los papeles van y vienen. Para nosotros, esas hojas en blanco son como sueños infantiles donde todo es posible. Para algunos, esto es nada, como tantas otras cosas que rodean los días y son nada. Son cosas que se tiran o se guardan porque sí.
Pero yo, que no puedo dejar de pensar, que lloro y sueño sobre esos papeles, que pienso en el futuro de las hojas blancas, en las razones de nuestras propias vidas. Yo, que insisto en darle libertad a esta mano que es como un animal que busca, que roe entre papeles, que descubre sobre sus superficies la letra del pasado.
Mi mano -la que escribe- es incansable. Un día se despierta y dice que no hay hojas en blanco, que todos los papeles han sido invisiblemente marcados por otras escrituras.
Para algunos, la mayor parte de las cosas no tienen respuestas, no se preguntan por las manos, ni por los destinos, ni qué hay detrás de lo que creemos blanco y vacío. Pero yo, que no puedo dejar de pensar, que no puedo detener esta mano que es parte de algo indescifrable que no soy yo, no quiero resignar esta empecinada estupidez de trastocar la vida que sigue.

jueves, 8 de enero de 2009

Poema para ver a través de un vaso en tres actos

Primer Acto


Un hombre niega su ceguera a través del vidrio de ese vaso
su ojo grande y negro parece un pez boqueando que irrumpe
el haz de un arco iris y luego en el relámpago pupila al fondo
los que están a su alrededor le temen pero él piensa que es afortunado
se pone en modo manos libres de codos raspados y rodillas con artrosis
y ya nada tiene importancia porque todo se diluye en esa vacuidad
en el olor rancio del tabaco que me deja sola y ese hombre.
Abandoné los poemas largos por eso esta confusión de remar contracorriente
de buscar lo opuesto hasta la cuenca banal del deseo
de encontrar las palabras que lo expliquen que lo nombren.
Ese pez es un batiscafo explorando las aguas turbias del mundo
pero suceden cosas demasiado tristes al oeste del mundo
como ese hombre pequeño y miserable que se relame los dedos
que hunde su mirada en los fondos de esas aguas y se quema.
Las cosas son así mientras bailamos cumbia y nos pisamos los pies
no es un poema largo es la carta que escribo para perdonarme.
Tres mujeres entran sonrientes, enormes, hambrientas hurgan cada detalle
mientras hablan en voz alta la afonía y el frío de sus días.
Un hombre de camisa regentea el llanto escondido entre sus senos.
Todas las noches Ellas bajan las escaleras de un hotel en Rivadavia
ya no importa si es la calle más larga del mundo cuando lo que se extiende es la noche
en la espina dorsal de esos movimientos vestidos de polleras cortas y nailon
de tacos que crujen y se quiebran al igual que los huesos cansados mientras la música sigue
y las risas aumentan en una tumba que mira hacia el oeste
como nuestros rostros que esperan ciegos a través de un vidrio poder sentir el sol.

Segundo Acto


Hubiera querido creerme a salvo pero acá los pobres
venimos después del trabajo y un parrillero cocina choripan, el local se ahuma y pedimos otro vino.
Un hombre tambalea en medio del salón, hace equilibrio, nadie lo mira es como si fuera
una veleta haciendo su trabajo en manos del viento.
Se abre la puerta nuevamente y alguien que trae el frío consigo, entra y pide urgente una ginebra
sabe que puede beberla con soda y limón para que la noche se estire
como el consuelo de esta vida que oscila dulce entre el limón y la caricia de un cigarro.


Tercer Acto


Un hombre deja que su ojo triste navegue detrás del vidrio
el vaso muestra el hielo derritiéndose como los polos en el caos de la negligencia
del pensamiento del ojo de ese hombre que también se cree a salvo.
Hay demasiada soledad por eso se acerca y susurra algo en el oído de una mujer
que luce el poema más corto y no lleva puesto un haiku, lleva consigo una herida
guardada dentro de una cartera barata.
Mi ojo a través del vidrio grueso y opaco del vaso es como un pez
que mira desde la jaula del cuerpo el cardumen y se queda perplejo
el pez observa desesperadamente porque así viven los peces entre la amenaza de la boca.
La mujer con los zapatos despegados y el hombre con su rostro grasiento
se acomodan en una mesa y el ritual para justificar la muerte ha comenzado
encienden cigarros, piden un vino, y nadan probando el ripio del fondo de ese mar azul que es mentira.
Ellos entonan la canción de la catástrofe porque no pueden
detener el líquido corriendo por el esófago, ahogando los pulmones.
Jamás se cierra la puerta que está sobre la calle Rivadavia
el cartel de neón rojo tiñe sus cabellos de espuma y algas de mar cuando llegan
como los sueños, como la sangre y el tiempo de los que pasan y no lo saben y desaparecen en la esquina.
Los peces a veces se encuentran pero casi siempre andan solos por el océano
callados, ensimismados como los ojos nuestros a través de estos vasos
en ese pequeño océano donde vivimos eternamente el naufragio
ese filamento de estrella fugaz ardiendo en la pupila de estos pobres peces
que son capaces de dar su vida por un sueño o la caricia de un coral.



Valeria Zurano

Este poema ganó el Primer Premio de Poesía del Concurso Literario Leopoldo Marechal 2008, de la Municipalidad de Morón, Prov. de Buenos Aires

viernes, 15 de junio de 2007

Autorretratos

a Frida Kahlo


Llora Frida en tu eterno lienzo pintado con sangre
la mano que te trajo, el espejo que te olvida
llora, dulce niña, sobre las arterias desgarradas
con el cuerpo desnudo y asexuado de las sombras
llora, en silencio, como los pasos del jardín azul
esos que se esconden en los ecos de una pierna de árbol
llora Frida los colores que hacen el perfil del dolor pintándote
la espada de hierro que te perfora, la torre del amor que te sostiene.

Frida llora los despojos del amor que no poseo
el trazo del pincel haciendo los tonos de la vida
Ella ha partido en su barco azul de muerte entre flores
ha fundado su alma para siempre en la dualidad del dolor.

1996

Valeria Zurano

viernes, 18 de mayo de 2007

"Debemos ser cautelosos..."

Debemos ser cautelosos ir lentamente con pie de plomo despacio muy medidos pensando en todo. Hay que contar las palabras jamás firmar efusivos con nombres completos usar solamente iniciales para dar una idea una vaga idea. Menguar el deseo que debe ser sutil y casi sin importancia como si diera lo mismo como si habría estado siempre y aunque nunca hubiera estado disimularlo no hacer bulla no darse por aludido. Mantengamos hasta el final una cordura insana que nos vaya secando por dentro que nos beba desde adentro hasta dejarnos páramos desiertos cristales en punta. Habrá que ser precavido prever el dolor cautivar pero un poco meramente casi con desgano como si fuera una obligación o un acto reflejo. Hay que aprender a no decir pero sin quedarse callado hablar con cierta reserva circunspecto en un marco teórico pensando lo menos posible sin reflexión sin inflexión con recato con cordura con discreción manteniendo ese tono monocorde dejar de lado el exabrupto. Propongamos un misterio una incógnita algo que no pueda revelarse porque no hay nada para revelar pero que nos de ese aire esa forma distinguida esa oscuridad ese halo de incertidumbre y extrañeza. Discurrir en el tiempo dejar que el tiempo haga olvido que los demás se pierdan en la vida que sean números un contacto en la frivolidad de los años. Hay que restarle crédito a las promesas a los juramentos las cosas fluctúan el sentir cambia los pretextos sobran hoy no puedo y mañana tampoco. Debemos reforzar la mesura el recato desplazarnos sigilosamente tampoco pasar desapercibidos dejar que miren pero jamás permitir otra cosa sólo ser mirados como un objeto como alguien a quien ya no le importa la frivolidad de la vida pero igual es frívolo debemos ser muy cuidadosos tratar de vivir como si estuviéramos muertos con un rostro lívido y el cuerpo consumado algo adecuado para mantener esos medios tintes que tantos nos gustan esas formas raras de despreciar el amor esa forma urbana de decir como a lo lejos como al pasar como si no quisiéramos pero nos obligan alguien nos exige decir nos llamamos un mensaje nos vemos arreglamos algo una noche si podemos si es que puedo porque nuestros días están colmados llenos de importantes actividades proyectos reuniones la hipocresía las máscaras el sarcasmo que nos pierde este mundo el mundo de la moda las sobras de un mundo que sobra.

V. Z.

jueves, 3 de mayo de 2007

Lo están diciendo...

Me dicen que estás cerca que estás sobre mis espaldas que puedes contar mi respiración que tus prensiles dedos rozan la nuca que adivinas los pensamientos que dominas las voluntades que tu aliento abraza mi piel que caminas sigilosamente como los fantasmas que le pides permiso a Dios para hacer que te acercas cada vez más que ya casi estás sobre mi cuello que tu figura se irgue sobre la existencia que puedes dirigir los sentimientos que te arrimas a mi boca que no puedo verte ni puedo saberlo que vienes a buscar el aliento que envuelves con tus alas negras que te adueñas del deseo que no puedo presentirte que no puedo adivinarte que ya están tus labios succionando que la magia es el secreto de lo ignorado y no quiero saberlo.

Valeria




La costura de las sombras

a Norberto

No hay certezas, por eso caemos en los túneles de la realidad de los días que no cesan de doler en el costado de los cuerpos. Hay puertas que se abren y se cierran en los laberintos de las horas. En las paredes de esos túneles donde los pasos son castigados con el filo limpio y reluciente de la incertidumbre. No hay certezas, son las dudas las que nos abrazan y se cuelgan del cuello y tejen sobre la piel ese dejo de ironía esa trama que no puede nunca ser un abrigo sino cruelmente la intemperie. No hay certezas, por eso los hilos se hacen delgados y luego se cortan y se llevan nuestros brazos. La inefable costura de las sombras es la que nos cose con la puntada nerviosa del destino y nos zurce a los sortilegios de los que buscan y para ellos no hay nada.
V. Z.

martes, 1 de mayo de 2007

Que el invierno te lleve...

A J.

Una hoja comienza a desprenderse despacio muy despacio y sus tonos ocres resplandecen en la tarde mientras nos desprendemos lentamente, como las hojas lo hacen; en el baile silencioso donde ellas dan vueltas sostenidas apenas por el sueño de haber sido bañadas por la lluvia de un verano.

Damos las vueltas que hay que dar para desprenderse, y dejarse llevar en la dirección del viento. Ya no estamos unidas. Nunca más. Que el invierno te lleve a su mundo de esperas a su mundo de líquenes a su mundo de calles desiertas. Que el frío te cubra el rostro de musgo, como suele hacer con las ramas, que han echado sus hojas a la suerte del otoño.

Valeria

sábado, 21 de abril de 2007

Como esa gota de lluvia


A J.

Como esa gota de lluvia que tambalea y vibra en el borde de una noche tormentosa, que gira desconcertada en la idea de construir una espera infinita, aunque conozca su efímero destino, su inminente caída. Así te espero. Aturdida en la idea de precipitarme a imaginarte, de verme caminando entre frutales, de saberte envuelto en el azahar de la desdicha.

Entonces, tu silencio tierno y frágil palpita en la noche, yo me uno a él para saber de tu existencia. Para afirmar que tu rostro es imposible verlo en la sombra de esa gota. Para comprender que no puede doler tanto tu ausencia y que cada acorde nocturno debe brindarme rastros de la certidumbre que te ha acercado.

Ojalá puedas decirme. Como en sueños hablando. Decir que tus árboles preparan los colores del otoño y que en sus hojas esperan, esa gota que tiembla en el borde de mi boca.

Valeria Z.

Alas de noche


"Sólo tiene vida en mí lo que aún no existe"
Shakespeare

Estoy aquí, lejos, en la noche, nuevamente en las alas abiertas de la noche, esperando que esas alas te acerquen. Pero es raro esperar a alguien que uno no conoce, que ni siquiera pueda imaginar su rostro. Es extraño cuando estamos tan lejos y sin embargo hay un halo imperceptible que cubre mágicamente la distancia y me dice que te espere.

Es un fantasma el que se acerca en silencio y juega a enredarme el cabello y me besa los ojos y se despide en las líneas fugaces de la nocturnidad.

En ese fantasma, a veces reconozco tus manos, aunque no sepa cómo son tus manos, aunque los sueños, tal vez sean los que me hablan, y entonces me uno al presagio que te trae.

Esas alas blancas, que casi pueden tocarme, vienen singlando el recuerdo para nombrarte nostalgia en la noche, en esas noches, donde tu existir estaba ajeno, y yo estaba desmayada bajo la sombra de una roca.

V. Z.

Eva

Eva extiende sobre la soga infinitas telas de blancos relucientes y toma los broches tan suave como si fueran niños, como si fueran cristales o flores marchitas. Eva no es de acá, es de otras tierras. Eva vino de un país donde las almas se confunden con las nubes y las nubes se mezclan con las sábanas, por eso Eva dice -dichosa de ti- cuando uno se acerca a esas sábanas o a esas nubes.

Eva lleva y trae los colores de las ropas, del sol a la sombra, de la casa al patio, de su hombro a la soga, del balde al hueco de su pecho y conoce perfectamente cómo son los pasos que le debe dedicar a esa tarea. Pequeños pasitos de muñeca, los pies no deben tocar el piso, la suela no puede conocer el suelo.

Eva llegó de otras tierras, de aquellas montañas que se ven a lo lejos, de un mar tan extenso y profundo que no puede divisarse con una vista corriente. Eva viene de un país donde los peces se siembran y juegan a acariciarse con el viento. Eva esconde en sus manos los rastros de los corales que le negaron y arrulla las palabras con doradas espigas de maíz.
Valeria Z.

miércoles, 18 de abril de 2007

Demasiado t...


Triste la noche sin tu noche acariciando el misterio de los ojos
El despropósito del amor deshaciendo las horas de los días
Triste la noche
Recostada sobre tu espalda adormecida en las sombras las escucho
Son respiraciones dictando la muerte cantando la ausencia
Triste la noche sin tu noche de mañanas y hojarascas
Cruel la noche hablando con tus labios develando las heridas
Pero las escucho en tu espalda retumbando esas sombras
Con las que callas esas sombras extranjeras esas niñas de tus ojos
Triste la noche
Triste.


Valeria

Se hace otoño


Se hace pequeña diminuta
Una niña ya vieja
Vendiendo vocablos
Deja sobre las sábanas
El esqueleto de las hojas
Me habla
Ellas me hablan
No tenemos esquinas
Que soporten nuestro otoño
Me habla
En los árboles despojados
El las tardes grises de silencio
Se hace aún más niña
Cuando sé de la pena escondida entre su pelo
Y me habla niña vieja
joven cansada
sellemos la dicha inexplicable
de desnudarnos como hace años.

V. Z.

La despedida

No hay amor desgraciado:
no se posee sino lo que no se posee.
No hay amor feliz: lo que se posee, ya no se posee.

Marguerite Yourcenar


A L.K.


Vamos extendiendo los cuerpos
los brazos nos unen nos estiramos
desprendidas de los hilos de la piel
hasta tocarnos con los dedos
levemente como antes
hasta rozarnos las puntas de los dedos
y soltarnos y perdernos.
Vamos sintiendo que en ese espacio
ahora circula un aire frío casi viento
crece silenciosa la niebla la humedad
pasan algunas sombras otros cuerpos.
Pienso que hay puentes en ese espacio
y cuchillos y distancias
el eco siempre el eco de nuestras voces
como túneles en trompos se apagan
lentamente se duermen como antes
en el viento.

V. Z.

Decir Noche


La boca temblando calladas agotadas uno y otro escalón
escalando la noche toda la noche
el silencio nuestra música su rostro

Pero la boca temblando y siempre es miércoles siempre caigo siempre la boca
clausurada sedienta acariciando las aguas mansas del sueño
subimos girando con las manos sobre las paredes
esa no soy yo es Ella en penumbras desvistiendo
giramos damos vueltas
el sol y los ojos se deshacen
nos detenemos ya no tiene sentido escalar con estos pasos
algo se clava en el costado muy adentro
pienso en lo que falta lo que sucede después de mañana

La boca temblando se clava se hunde se traga
más escalones la noche el deseo la música girando
y las hojas nos cubren así inquietas sedientas
con la piel por el suelo no puede haber preguntas porque sería taparse

La luna espera los miércoles los pasos las bocas
el error de las bocas
su mundo de lunas la sombra de Ella el murmullo enloquecido de mi boca.

V. Z.