sábado, 21 de abril de 2007

Eva

Eva extiende sobre la soga infinitas telas de blancos relucientes y toma los broches tan suave como si fueran niños, como si fueran cristales o flores marchitas. Eva no es de acá, es de otras tierras. Eva vino de un país donde las almas se confunden con las nubes y las nubes se mezclan con las sábanas, por eso Eva dice -dichosa de ti- cuando uno se acerca a esas sábanas o a esas nubes.

Eva lleva y trae los colores de las ropas, del sol a la sombra, de la casa al patio, de su hombro a la soga, del balde al hueco de su pecho y conoce perfectamente cómo son los pasos que le debe dedicar a esa tarea. Pequeños pasitos de muñeca, los pies no deben tocar el piso, la suela no puede conocer el suelo.

Eva llegó de otras tierras, de aquellas montañas que se ven a lo lejos, de un mar tan extenso y profundo que no puede divisarse con una vista corriente. Eva viene de un país donde los peces se siembran y juegan a acariciarse con el viento. Eva esconde en sus manos los rastros de los corales que le negaron y arrulla las palabras con doradas espigas de maíz.
Valeria Z.

3 comentarios:

Flora dijo...

Es soberbio, me encanta. No soy Flora, en realidad tampoco fauna, sólo soy una mexicana del valle viendo a Eva. Mónica

graciela dijo...

Gracias escritora Valeria por despertar en cada una de nosotras,a esa Eva que nos envuelve con su sábana,su tierra lejana,su estirpe.La admiro,
Mónica Salas.Rosario

docentes de la escuela 100 dijo...

Somos maestros humildes de la humilde escuela,con el privilegio de tener la riqueza de tus escritos que son magia.En cadena vamos pasándonos tus producciones.
Queremos tus libros Valeria.Besos.